Cómo me deshice de quinientos libros, Augusto Monterroso

Un día está uno tranquilo leyendo en su casa cuando llega un amigo y le dice: ¡Cuántos libros tienes! Eso le suena a uno como si el amigo le dijera ¡Qué inteligente eres!, y el mal está hecho. Lo demás ya se sabe. Se pone uno a contar los libros por cientos, luego por miles, y a sentirse cada vez más inteligente. Como a medida que pasan los años (a menos que se sea un verdadero infeliz idealista) uno cuenta con más posibilidades económicas, uno ha recorrido más librerías y, naturalmente, uno se ha convertido en escritor, uno posee tal cantidad de libros que ya no sólo eres inteligente: en el fondo eres un genio. Así es la vanidad esta de poseer muchos libros.

Cómo me deshice de quinientos libros, Augusto Monterroso

jueves, 22 de junio de 2017

Divagación I

Oda al arrepentimiento

Me arrepiento de forzar relaciones que no merecen la pena.
Me arrepiento de decir NO demasiadas veces con un ceño fruncido.
Me arrepiento de dejar marchitar relaciones que sí valen la pena.
Me arrepiento de ser políticamente correcta, de permitir que los fuertes sigan siendo fuertes.
Me arrepiento de no ser políticamente correcta, ganándome con ello enemigos.
Me arrepiento de ser incapaz de empezar, de permitir que la desidia me venza.
Me arrepiento de amar con la cabeza y querer con el corazón.
Me arrepiento de no llegar hasta el final.


Si tan solo fuera capaz de vivir en el caos,
y dejara a un lado la metafísica,
no me arrepentiría de nada.

Me arrepiento de todo, pero no de escribírtelo.